Llegué a casa, iba a abrir la puerta, pero antes de que pudiera, salió mi madre.
-¡Nena! Ya pensé que no venías.
-Mamá, no me llames nena, que no tengo 5 años.
-Venga, que no llego. Tu hermano está en la sala.
Entré, cerré la puerta y sonó el teléfono de casa. Era Teresa, mi mejor amiga.
-¡Clara! ¿Por qué no viniste?
-Mi madre no me dejó, tengo que cuidar de Fer - Es lo que se me ocurrió.
-Bueno, bueno, mañana nos vemos en clase, ¡eeeh!
-Si, si. Chao.
Llegué a la sala, y allí estaba, ese enano que me había fastidiado algo parecido a una cita.
-Fer, voy a por el ordenador, no hagas nada malo que te conozco.
-¿Yo? ¿Hacer cosas malas? ¿Por quién me tomas?
-Por mi hermano. Por eso precisamente.
Dos horas más tarde, mi madre llegó de esos "recados sumamente importantes". Que es lo que ella llama, ir al súper, encontrarse con las vecinas e ir a tomar un café.
-Mamá, Fer y yo ya cenamos. Me voy a dormir, que estoy muy cansada.
No esperé a que dijera nada, me encerré en mi habitación, y me metí en la cama. Tardé en dormir.



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